On Stability

At the beginning of an essay by the late great missiologist Andrew Walls, he notes how different expressions of the Christian life have been so diverse as, probably, to have made it hard for them to recognize each other as kin: the Jerusalem Church, a Celtic saint standing in the freezing water of a stream, a Mass in the high middle ages, 19th century evangelicals gathered in Albert Hall, and a contemporary African Spirit church. This came to my mind while on retreat at a Benedictine monastery in New Mexico (for which time Steph and I are grateful). The common life of that tradition has been consistent for a millenium and a half, and they themselves value stability. But the wild range of Gospel stands in seeming contrast to this continuity, and it raises the question of the ‘one and the many’ in our faith.

Paul in Ephesians 4 gives the definitive answer (which we repeat at every baptism): ‘one Lord, one faith, one baptism.’ Just because Christians have debated the nature of each doesn’t mean they aren’t an anchor nonetheless. A gloss on Paul’s answer might be the following. Invariably, for all their differences, Christians have book, bath, table, and flock (with pastor), and invariably they pray, proclaim,serve, and suffer. We as Anglicans have usually wanted to add clarifying notes: book- read with the creeds, chief pastor as bishop, praying both formal and not, etc. But we have had a consistent ecumenical urge, born of the fact that we know we are not complete, and so we welcome inclusive spirit of the generalization. We can see the Church across time as indeed one, shining, messy, obscured, restored, contested, all these at once though it be.

The Benedictines were wonderfully adapted as outposts for mission in medieval pagan Europe (and forebears of our own traditions). Types will come into being, and have their ending, though the gates of hell will not prevail against the whole enterprise (Matthew 16:19). And how we think of the basics of Church life matters a great deal. Still, in a time when the future prospects of the Church seem murky, I take solace in this notion that some shapes or other of Church, with the endoskeleton described above, bearing our family resemblance, are bound to appear as outposts in some new kind of middle ages and some new pagan wilderness.

Peace,
+GRS

El sermon de Marzo 10, Santa Natividad, McKinney

Piensen conmigo sobre el llamado de ser un padre o una madre. Usted se ha acostumbrado a dirigir y a proteger a sus niños. Ahora ellos son adolescentes y adultos jóvenes. Tienen sus ideas. Necesitan decidir sobre sus vidas. Usted está listo o lista para bloquear los hechos destructivos, pero vas a necesitar dejar que traten de decidir por sí mismos, sea que ganen o fracasen.  ¡El padre sabio permite libertad, simultáneamente continúa enseñando con sabiduría!

Evidentemente Dios es similar, pero mucho más sabio que nosotros, ¡Él es el autor de toda la sabiduría!  Se relaciona con la pregunta, ¿porque Él permite el mal en el mundo? Si eliminara el mal, eliminaría la libertad del alma.  También, entonces sería un mundo de robots, de obediencia como si fuéramos una máquina de hierro. En verdad Dios tiene relación dentro de su vida eterna, Padre, Hijo, y Espíritu Santo, y su libertad es solo caridad. Pero en su misericordia quiso que seamos una creación diferente de él, vulnerable, pero todavía nos llama a tener una relación de amistad con El. La relación de la Libertad y la obediencia es un gran misterio. 

Hay una analogía entre nuestra vida y la vida de Dios, pero en alguna analogía hay una diferencia existente también. Dios dijo con el profeta Isaías, ‘mis palabras no son sus palabras, ni mis pensamientos sus pensamientos.’ Por ejemplo, Dios tiene una mirada más grande y profunda, que ve toda la historia hasta fin, eterna.

La paciencia de Dios en su historia es larga.  El ser humano puede deambular lejos, y Dios espera como al hijo prodigo que regrese, y Dios corre para encontrarse con el hijo.

El Capitulo tres del evangelio de San Juan es muy familiar. Los Jugadores Cristianos escriben el verso dieciséis en sus uniformes. Tanto amó Dios al mundo que le dio a su único hijo…       El tema mayor es el amor de Dios otorgando su gracia. Pero el evangelista continúa comparando este amor con la luz brillando en el mundo. Entonces Nuestro Señor Jesucristo dijo que a otros le gusta más la oscuridad. Dios es la luz y no hay oscuridad en Él, San Juan dice en su primera Carta.     La gente pregunta muchas veces sobre el juicio de Dios. ¿Porque un Dios de poder y amor juzga, especialmente porque Él es Luz? La repuesta del capítulo tres es que la luz naturalmente brilla, e incluye el permiso, una parte de amor, que permite la libertad de elegir. Esta libertad no es completa, y el tiempo de permitir es limitado, pero implica el amor de un padre, un amor de paciencia por el resultado final de su creación, celebrando a su Creador libremente, como pretendió originalmente.     En nuestra lección el punto de la vida es claro: para recibir el don de ser nacido de nuevo, como Nicodemo buscó, disponible gratis en Jesucristo. Pero la vida de la fe no se termina allá.  Dios mismo nos llama para compartir consigo en el camino de invitar otros. La disciplina de ser un discípulo de Jesús es la vida de paciencia y el llamado recibido de él. Nosotros aprendemos su arte patronal y matronal.  Y esta paciencia no es pasiva simplemente.  Paciencia activa que está atenta, aconseja lentamente, orando, escuchando, acompañando, sufriendo.      Mas y más yo pienso que la palabra ‘testigo’ es importante para entender la naturaleza de nuestra vida de la fe.  El testigo es audaz, pero respetuoso. Deja al otro la oportunidad de tomar su decisión, pero continúa siendo entregado. El testigo dice la verdad, aunque desafiante. El testigo tiene confianza en Dios reinando en todo finalmente, aunque permitiendo la libertad limitada del mundo. El testigo se queda esperando, vigilante por señales de la obra de Dios entre nosotros.  La vida del testigo del discípulo respeta la diferencia de perspectiva de nosotros y de Dios.        Finalmente, especialmente para los que serán confirmados, recuerda que Cristo ofrece la libertad real. Toda la gente busca la libertad, personalmente, políticamente, relacionalmente. Pero es imposible ser libre a fuera, si no se es libre por dentro. Y la libertad real es seguir y buscar servir para el propósito para el fin que fuiste creado. La libertad real es ser abrazado por el padre que te está buscando como al hijo prodigo. Con la libertad real, somos libres para tratar, ganar y fracasar. Entienda su confirmación como la invitación de la vida de esta libertad perfecta. Escucha a San Paulo describiendo esta libertad maravillosa en: Efesios 4:14-15 14Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y las artimañas de quienes emplean métodos engañosos. 15 Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo. Amén

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Complete the Race (II Timothy 4:17)

At the end of our vacation we find ourselves in Chicago for its Marathon weekend (the fastest, I have read this morning, perhaps because it is cool and relatively level). Marathons offer many good things. You can see world-class athletes from places like Ethiopia and Kenya. There is a feel of fiesta with signs by family members, getups by some for-fun runners, and food for sale.

But as I looked out my hotel window at 7:30 a.m., I watched the race of competitors who have lost legs or their use. Wheeling vehicles by arm for 26 miles means serious fitness and determination.

Those competitors were to me, this morning, a symbol of the Church too. For each is wounded. The larger family cheers them on. Each by grace has risen up to run the race. Ahead is the goal, the prize, the welcome home. We find the companionship of Jesus the Lord, there, and along the route too.

Amen.

GRS